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septiembre 1, 2026

Cineasta Celeste Rojas Mugica cruza los cielos de Chile y Armenia con película filmada en 16 mm

La académica de la U. Finis Terrae realizó una residencia artística en Ereván, capital de Armenia, donde desarrolló el rodaje de su nueva película. El viaje contó con el apoyo del Fondo de Circulación Artística 2026 de la Vicerrectoría de Investigación, Creación Artística e Innovación.

A más de 13 mil kilómetros de Santiago, el radiotelescopio de la era soviética ROT-54 se convirtió en una de las principales locaciones de “Y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos”, cortometraje en 16 mm. que Celeste Rojas Mugica, artista visual, cineasta y docente de la Facultad de Artes de la U. Finis Terrae, desarrolla junto a la realizadora franco-armenia Louise Martin Papasian.

Esta segunda etapa se realizó entre julio y agosto pasado y dio continuidad al trabajo de investigación iniciado en nuestro país en 2025. Según detalló Celeste, esta residencia permitió profundizar el relato y completar la contraparte visual e histórica del proyecto.

Durante la estadía, el Institute for Contemporary Art (ICA) de Ereván funcionó com base creativa para las directoras y les proporcionó un espacio de trabajo. Sin embargo, la mayor parte de las jornadas transcurrió en terreno, con desplazamientos hacia distintas zonas para continuar las filmaciones y acceder a los archivos astronómicos que forman parte del proceso de rodaje.

El cruce entre Chile y Armenia toma forma a través de dos infraestructuras astronómicas del siglo XX actualmente fuera de servicio: el Observatorio Manuel Foster, inaugurado en 1929 en el cerro San Cristóbal de Santiago y, el radiotelescopio ROT-54, construido durante el período soviético, ubicado en el monte Aragats, el punto más alto del territorio armenio.

“La idea es que, a través de la ficción, estos espacios vuelvan a activarse. La película va revelando distintas capas narrativas e históricas de ambos países. Allá, por ejemplo, el colapso de la Unión Soviética dejó muchos de estos lugares en estado de abandono”, explicó Celeste Rojas.

A partir de ambos observatorios surge un diálogo epistolar e imaginario entre Carmina, en Santiago, y Leah, en Ereván, donde las resonancias de las piedras, la luz y los archivos astronómicos operan como mensajes cifrados que cruzan la distancia, entrelazando la ciencia con la ficción.

Cuando el territorio transforma el guion

Durante el trabajo de campo, el equipo llegó hasta un antiguo teatro en el pueblo de Alapar, a unos 40 minutos de la capital. Sobre este hallazgo, Celeste recordó: “Encontramos un escenario con un telón de fondo muy antiguo y deteriorado, desde donde se veía el monte Ararat, una de las montañas y cerros con las que trabajamos en el proyecto. Al descubrir ese lugar, decidimos incorporarlo como una nueva locación y filmar ahí”.

El recorrido continuó en Spitak, ciudad industrial al norte del país, donde registraron un reloj solar y una serie de mosaicos del período soviético. También accedieron a parte del archivo astronómico del ROT-54 gracias a la colaboración del hijo de Paris Herouni, científico armenio que diseñó el radiotelescopio.

El itinerario también enfrentó imprevistos: la niña seleccionada originalmente no pudo continuar, lo que obligó a realizar un nuevo casting con la producción en marcha. “Hicimos una pequeña búsqueda y así encontramos a Leah, una niña maravillosa con quien grabamos su voz en todas estas locaciones. Conocerla y trabajar con ella fue una de las experiencias más sorpresivas del viaje”, recordó la académica.

Como cierre de la residencia, en el jardín del ICA se montó una función al aire libre con la presencia de artistas, documentalistas y público local, donde las realizadoras compartieron los primeros avances del cortometraje, integrando secuencias grabadas en Santiago con material fotográfico y de campo registrado en Armenia.

Dos biografías conectadas por el territorio

La película nació como un trabajo en codirección mientras Rojas y Martin Papasian cursaban el Máster en Creación Cinematográfica de la Escuela de Cine Elías Querejeta, en el País Vasco, instancia en la que comenzaron a diseñar una historia que enlaza el territorio chileno con la herencia familiar de Martin Papasian.

“Este proyecto conecta nuestros lugares de origen a través de dos niñas y dos directoras, ambos territorios establecen relaciones que parecían inimaginables. La película apela también a nuestras biografías familiares y a esos lugares de pertenencia”, explicó Rojas Mugica.

Esta nueva obra retoma preocupaciones presentes en Una sombra oscilante, ópera prima de la artista visual y cineasta chilena, donde también aborda las relaciones entre territorio, la memoria y la historia política reciente. Estrenado en FIDMarseille en 2024 y premiado en festivales como FICValdivia, ZINEBI y FIDOCS, el documental llegó a las salas chilenas en julio pasado.

El viaje continúa en el montaje

Concluido el rodaje en Armenia, el material analógico fue enviado a Francia para su revelado y escaneo. En octubre, Louise Martin viajará a Chile para iniciar el montaje junto a Celeste Rojas, con la expectativa de finalizar el cortometraje a comienzos de 2027.

Para llevar adelante esta nueva etapa, Rojas compatibilizará el proyecto con su labor docente en el Magíster en Investigación-Creación de la Imagen de la U. Finis Terrae, donde este semestre imparte la asignatura Producción y Montaje, orientada a acompañar a los estudiantes durante el cierre de sus tesis de grado.

La residencia contó con el respaldo del Fondo de Circulación Artística 2026 de la Dirección de Creación Artística de nuestra universidad, una ayuda que la docente destaca como un estímulo fundamental al señalar que “resulta muy difícil combinar la producción artística con las labores académicas regulares, sobre todo considerando lo complejo que es vivir del arte en Chile. Por eso celebro y agradezco el aporte”, concluyó.

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