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diciembre 1, 2025

César Gabler revisita la masculinidad en su nueva exposición en Matucana 100

A partir de revistas eróticas, el cine y archivos gráficos, el artista visual revisa los cambios en los discursos de género y las tensiones en torno a la identidad masculina.

La exposición Temas de hombre, del artista visual César Gabler, se presenta actualmente en Matucana 100 y reúne un conjunto de obras que examinan cómo la cultura visual del siglo XX modeló diversas formas de representación masculina. El recorrido incluye pinturas, dibujos, collages y una pieza mural que articulan un diálogo entre imágenes populares y reflexiones contemporáneas sobre los roles de género.

El punto de partida es el suplemento homónimo publicado por La Tercera entre 1977 y 1981, cuyas páginas —dirigidas al entretenimiento masculino— condensaban relatos de deseo, frustración, humor, soledad y aspiraciones de época. Ese archivo permite observar cómo circulaban los imaginarios asociados a “ser hombre” y cómo esos códigos dialogan hoy con debates sobre afectos, poder y sensibilidad masculina.

Con ese trasfondo, conversamos con César Gabler sobre la propuesta y su lectura del material reunido.

¿Qué se encontrará el espectador al visitar la muestra?

Con una selección de pinturas, una gran pieza mural y también dibujos y objetos. Ya eso físicamente y todo esto es un recorrido por la historia de la masculinidad a partir de los años 40 en adelante y cómo se vio graficada en el cine y en las revistas para hombres.

¿A quiénes está dirigida la muestra y qué nos invita a observar?

Yo creo que está dirigida a cualquier público que le interese la visualidad, la cultura visual y que entienda —o que se conmueva con— el mundo de las imágenes. Que entienda que las imágenes nunca son inocentes, que siempre esconden un sustrato cultural inconsciente que uno como espectador está invitado a develar. Así que está dirigida a gente curiosa y amante de la visualidad.

¿Cómo se fue configurando tu proceso con la práctica del dibujo y la pintura? ¿Qué te interesa de estos medios para abordar tu trabajo?

Me interesa que ambos medios son muy dúctiles —permiten hacer lo que uno quiere— y, cuando uno trabaja, como es mi caso, con citas a distintos medios como el cine, pero también el cómic, la ilustración y la fotografía, el dibujo y la pintura son muy buenos vehículos para traducir esas experiencias y darles un sello personal.

¿Cómo surgió la idea de trabajar a partir de la revista y cómo es el rol del archivo dentro del arte contemporáneo?

Desde un proyecto que se llamó Papel Bond, basado en una revista que se llamaba “207, James Bond”. Me ha parecido que las revistas son un buen canal de transmisión de ideas de época: muchas sintetizan el espíritu de una época. Entonces, cuando uno las toma como referencia, uno no solo rescata ideas, sino emociones e imágenes que permiten aproximarse a algo más grande que la propia revista. En este caso me di cuenta de que las revistas para hombres eran mucho más que esos chistes picantes o eróticos que a veces se colaban: había asuntos existenciales referidos al suicidio, a la soledad, al abandono, al engaño. Era —paradójicamente— un material de alto consumo desechable que contenía temas profundos. En ese sentido, creo que el rol del archivo en el arte contemporáneo tiene que ver con lo que un crítico musical llamado Simon Reynolds describe como “retromanía cultural”: el pasado como modo de entender el presente.

¿Cuál es tu objetivo al reinterpretar o recontextualizar imágenes sobre la masculinidad del pasado?

Creo que es una forma de hablar del presente, porque hoy la masculinidad aparece como un terreno muy cuestionado. Muchos de los valores que entonces primaron en la imagen masculina hoy están en crisis: incluso algo tan evidente como la sexualidad o el deseo se ha vuelto problemático. En algunos países o generaciones emerge una figura nueva —la del incel (célibe involuntario), por ejemplo— que expone esa tensión. Me parece revelador ese cambio de paradigma que hoy vive la masculinidad, influido por los discursos de género y las transformaciones sociales. Revisar la masculinidad hegemónica no es nostalgia: es una forma de reflexionar sobre nuestro presente. A partir de estas imágenes antiguas, se construyen un espejo del ahora.

¿Cómo se hace presente la distancia temporal y cultural del pasado para un público joven?

Muchas de las imágenes que para mí son familiares, para un público sub-30 resultan extrañas, misteriosas. Un personaje tan famoso como era “Pepe Antártico” hoy puede no significar nada. Ese desconocimiento pone en evidencia las diferencias generacionales: los íconos que moldearon la identidad de mi generación hoy son inexistentes, reemplazados por otros. Esa distancia me interesa como problema: muestra cuán cambiante es la cultura visual colectiva.

¿Cómo dialoga tu trabajo con audiencias que no están acostumbradas al arte o la cultura visual?

Es una pregunta difícil: uno no sabe cómo responde la gente ante la obra. Puede que muchos entren atraídos por lo gráfico, por los personajes humorísticos —eso ayuda a la accesibilidad—. Pero lo que cada uno procesa de la obra es algo personal, subjetivo. Eso depende del espectador: de lo que se lleve, lo que le conmueva, lo que le cuestione.

¿Hacia dónde se dirige tu trabajo luego de esta exposición?

Estoy trabajando otros asuntos que tienen que ver con la cultura visual. Diría que en paralelo manejo varios proyectos. Como la masculinidad da para tanto, algunas ideas que están aquí abiertas las voy a desarrollar más a fondo en el taller.

¿Cuánto tiempo durará la muestra? ¿Habrá visitas guiadas?

Habrá visitas guiadas con fechas por confirmar en las redes. La exposición estará abierta hasta la primera quincena de enero.

Entrevista realizada por Cynthia Bustos, egresada de la Escuela de Artes Visuales y pasante en la Dirección de Creación Artística de la Universidad Finis Terrae. Octubre de 2025.

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