Clarisa Menteguiaga

Clarisa Menteguiaga

Diseño / Escuela de Diseño

Arte y diseño en una misma deriva

A lo largo de dos décadas, la diseñadora y artista visual ha desarrollado proyectos que dialogan con los ecosistemas y los vínculos afectivos que establecemos con aquello que llamamos seres “inanimados”. Su obra transita entre diversas disciplinas artísticas, pero siempre desde una pregunta central: ¿cómo habitamos el mundo y cómo nos relacionamos con los otros seres que también lo habitan?

La trayectoria de Clarisa Menteguiaga (1977) podría leerse como un desplazamiento permanente entre disciplinas. Nacida en Buenos Aires y residente en Chile desde 2002, su formación abarca diseño en la Universidad de Buenos Aires, un posgrado en fotografía en la Universidad de Chile, el Magíster en Artes Visuales UC y el Doctorado en Artes de la Universidad Politécnica de Valencia. Ese recorrido da cuerpo a un quehacer artístico que no separa el diseño del arte: “para mí nunca estuvieron divididos; en algún momento intenté mantenerlos apartados, pero en realidad siempre fueron parte del mismo impulso creativo”.

A partir de esa formación se despliega una práctica donde materialidades y lenguajes también se desplazan. Desde la joyería contemporánea pasa a la fotografía, el videoarte, el grabado y los biomateriales, siguiendo siempre lo que cada investigación requiere. Su trabajo se organiza como una búsqueda en tránsito y en constante ajuste. En paralelo, ha desarrollado una labor académica —hoy en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la U. Finis Terrae y en la Pontificia Universidad Católica de Chile— que dialoga directamente con esos procesos de experimentación y práctica creativa.

Su obra ha sido presentada en Chile, Argentina, México, España, Portugal, Italia, Rumania, Países Bajos y Colombia, y ha recibido reconocimientos como el Latin American Design Award (2021), el Premio a! Diseño y el Premio Clap Argentina, junto a una mención en la Bienal de Diseño de la Universidad de Buenos Aires.

En 2022 fue seleccionada como finalista de la Bienal Iberoamericana de Diseño, en Madrid, con Metástasis (2019), proyecto que le permitió iniciar una itinerancia internacional. La serie reúne piezas realizadas con materiales orgánicos —cochayuyo, telas recicladas y kombucha— cosidos a mano para dar forma a colgantes, broches y máscaras. Ahí, la materialidad se vuelve una reflexión sobre la intervención humana en la naturaleza, planteando una lectura crítica sobre sus efectos invasivos.

Habitar el tiempo de las piedras

AYNI: Historias de reciprocidad (2025), su proyecto más reciente, presentado en Espacio Vilches del Campus Oriente de la U. Católica, tiene su origen en una residencia realizada en las Islas Galápagos. Durante ese período, Clarisa comenzó a recolectar piedras volcánicas siguiendo un principio simple: tomar y devolver. Marcaba en un mapa el lugar exacto donde encontraba cada roca y luego la regresaba al mismo punto, cuidando no alterar refugios de insectos u otros organismos. Ese gesto la condujo al concepto andino de reciprocidad —ayni—, que plantea que todo lo que se extrae debe, de algún modo, volver.

“Empecé registrando, dibujando, fotografiando las piedras para generar una relación afectiva con algo que consideramos inanimado”, cuenta. Al volver a Chile, creó trajes confeccionados con bolsas de papel reutilizadas, teñidas y cosidas a mano, que reproducen las texturas y colores de las rocas. Al ingresar en esas estructuras, su cuerpo queda cubierto y su presencia se vuelve casi imperceptible. “Metafóricamente, me transformaba en piedra. Desde adentro observaba sin ser vista; los animales se acercaban sin percibir que había alguien ahí. Es una performance para uno”, comenta.

En AYNI continúa una línea de trabajo que Clarisa ha desarrollado durante años: el cuerpo como superficie donde se hacen visibles tensiones ecológicas, especies amenazadas, contaminación y ciclos del Antropoceno. Estos mismos intereses están presentes en Tratado sobre el Aura (2022), instalación multimedia creada junto a un equipo interdisciplinario en la que un sistema de captación de energía corporal activa dispositivos lumínicos en movimiento.

Ampliar la mirada y sentir alrededor

Su proceso creativo se mueve entre instancias de acumulación y hallazgos imprevistos, esa dinámica —entre la espera y el descubrimiento— se hizo visible en AYNI recuerda la artista: “No estamos acostumbrados a vivir a ese ritmo de las piedras, a vivir en ese tiempo milenario donde las cosas pasan por sobre ellas. Son etapas dentro del mismo movimiento. A veces todo llega a la vez; otras, hay que detenerse y mirar”.

A lo largo de su trayectoria, Clarisa ha insistido que los límites entre arte y diseño son móviles, pero esa certeza no siempre estuvo presente: “En mis primeros años profesionales intentaba con todas mis fuerzas separarlos. Me habían enseñado y había escuchado que el arte y el diseño eran dos cosas completamente distintas, que no se mezclaban; que uno era práctico y el otro más subjetivo. Entonces trataba de separarlos y trataba de separarlos”.

Después de entregar su tesis doctoral, atraviesa un período de cierre y escritura en el que ordena los años dedicados a esa investigación. “Estoy escribiendo mucho, artículos sobre los temas que me interesa seguir trabajando. Pero con las manos, en este momento no estoy haciendo; es un tiempo de escritura, una pausa necesaria”, reflexiona. Esa pausa también forma parte de su proceso, una etapa que convive con la convicción que ha guiado hasta ahora su carrera: que el arte y el diseño continúan “siendo parte de lo mismo”.

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Empecé registrando, dibujando, fotografiando las piedras para generar una relación afectiva con algo que consideramos inanimado.

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