Instalación y performance presentada por el artista visual Sebastián Mahaluf en Galería VETA, en Santiago, entre abril y mayo de 2025. La obra propuso una experiencia colectiva construida a partir de cuerpos suspendidos, elásticos tensados y vasijas de greda provenientes de Pomaire, en una acción que puso en relación fuerza, fragilidad, equilibrio y transformación.
El proyecto surgió a partir de una investigación sobre la materialidad de la greda y el trabajo de los artesanos de Pomaire, pequeño pueblo alfarero de la zona central de Chile. A través de un registro audiovisual documental, la obra incorporó relatos y procesos vinculados a la fabricación manual de las vasijas, entendidas por el artista como objetos cargados de memoria, energía y dimensión simbólica.
La instalación se estructuró mediante cintas elásticas que conectaban los cuerpos de los performers con vasijas suspendidas en el espacio. La tensión ejercida por los elásticos transformó continuamente la disposición de la obra y activó una relación inestable entre gravedad, equilibrio y resistencia material. En distintos momentos de la obra, las vasijas cayeron y se quebraron, modificando tanto el espacio como la experiencia de quienes participaron y observaron.
La performance reunió a más de veinte participantes en una acción colectiva concebida como una coreografía de fuerzas y desplazamientos. Para Mahaluf, el uso del elástico funcionó como una forma de arquitectura relacional: un material capaz de conectar cuerpos, delimitar tensiones y producir transformaciones físicas y simbólicas en el espacio. La ruptura de las vasijas no apareció como un gesto destructivo aislado, sino como parte de un ciclo continuo entre construcción, colapso y recomposición.
La obra se desarrolló en diálogo con las dimensiones espaciales de Galería VETA, particularmente su altura y condiciones arquitectónicas, elementos que incidieron directamente en la suspensión de los cuerpos y en la percepción temporal de la acción. La lentitud de los movimientos, el estado de tensión permanente y el sonido de la ruptura construyeron una atmósfera orientada a reflexionar sobre las relaciones entre cuerpo, comunidad y experiencia compartida.
En palabras del artista: “Cuando corto un elástico, la materialidad se transforma, el espacio se transforma. También la experiencia, aquello impalpable, pero lo que nos permite imaginar y creer”.
